La calavera parlante

Un cazador salió a buscar alimento para su familia. Después de andar un trecho, se ocultó tras unos arbustos en espera de su presa. De pronto vio algo redondo y pálido que brillaba entre las sombras. Cuando se acercó, vio que era una calavera humana seca, blanqueada por los años.


“¿Qué te trajo hasta aquí?”, preguntó el cazador.

“Hablar me trajo hasta aquí”, contestó la calavera. Aterrorizado, el cazador, que en realidad no había esperado respuesta alguna, dio un salto y se alejó corriendo a comunicarle su hallazgo al rey del lugar.

“Entre los arbustos encontré una calavera que habla”, le dijo el cazador al rey. “Te pregunta cómo están tus padres”, agregó.

El rey quedó muy asombrado. “Jamás he oído hablar de una calavera parlante”, dijo, y reunió a todos los hombres sabios de su tribu para preguntarles, pero ninguno había oído hablar de ello. Finalmente el rey le dijo al cazador: “Exijo pruebas de esta magia. Irás al bosque donde viste la calavera maravillosa y harás que hable nuevamente. Te acompañará uno de mis guardias. Si habla, él me dará testimonio. Si no habla, me has hecho perder el tiempo con mentiras y el guardia te matará en el acto”.

El cazador estuvo de acuerdo y salió confiado, estaba seguro de que la calavera hablaría nuevamente. Cuando llegaron al lugar, el cazador se arrodilló junto a la calavera y le dijo: “Habla, calavera, habla”.

Pero la calavera no habló.

El cazador volvió a intentarlo: “este hombre es un guardia del rey y quiere oírte hablar. Pues, entonces: ¡habla!”.

Nada, silencio absoluto.

Entonces, el cazador pensó en repetir la pregunta de la primera vez: “¿Qué te trajo hasta aquí, calavera?”

Pero la calavera estaba seca y muda, igual que cualquier otra calavera.

Todo el día el cazador trató de sacar alguna palabra de la boca de esa calavera, rogando, amenazando, adulando, pero la calavera no emitió sonido alguno.

Las sombras crecían y el corazón del cazador se encogía. Finalmente, cuando cayó la noche, el guardia del rey se cansó de esperar.

“Tienes una última oportunidad”, le dijo al cazador. “Si no habla ahora, cumpliré las órdenes del rey”.

Una vez más el cazador le rogó a la calavera que hablara. La calaveró no emitió sonido alguno y de un solo golpe el guardia cortó la cabeza del cazador. La cabeza cayó al suelo y quedó allí, junto a la vieja calavera.

Cuando el guardia se hubo ido, la vieja calavera le preguntó a la cabeza del cazador: “¿Qué te trajo hasta aquí?”

Y la cabeza del cazador respondió: “Hablar me trajo hasta aquí”.

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